
Corte
Lavado, corte y terminación prolija. El clásico, con el tiempo que se merece.
El mismo oficio, las mismas manos. Ahora en un lugar que es nuestro.
Durante años corté en un lugar que no era mío.
Hoy, por fin, la casa es propia.
Los mismos clientes, la misma forma de recibir, el mismo corte prolijo de siempre. Lo único que cambió es el techo: ahora es el nuestro. Y también un poco tuyo.
Cada hora es para una sola persona. Aquí nadie es un número.

Lavado, corte y terminación prolija. El clásico, con el tiempo que se merece.

El servicio completo: corte, barba perfilada y toallas calientes. Sales listo para lo que venga.

Barba definida, piel preparada con toalla caliente. El detalle que se nota.
Ponte cómodo, aquí no andamos apurados.
Conversamos qué quieres y trabajamos con calma.
Sales sintiéndote en tu lugar.
Manos que no tienen prisa. El corte es la excusa; la casa es lo que te llevas.
El detalle habla solo.






Llevo años cortando el pelo de la gente de este barrio. Aprendí que un buen corte es solo la mitad: la otra mitad es cómo te sientes en la silla. Por eso me tomo el tiempo, te recibo por tu nombre y me acuerdo de la conversación de la vez pasada.
"Gracias por seguir viniendo. Ahora esto es mío, y también un poco tuyo."
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